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• Introducción.
• Posibles abordajes y evolución.
• El futuro de las troncales.
La miopía magna se encuadra dentro del grupo de grandes miopías. Además de
por la presencia de excesivas dioptrías (de 14 en adelante), se caracteriza por
un comienzo temprano (niños casi recién nacidos pueden tener entre 6 y 10
dioptrías), por una continua evolución y por la aparición de complicaciones o
lesiones en la retina, lo que propicia que la capacidad visual del afectado, aun
con la graduación adecuada, sea bastante limitada. La gran mayoría de las
miopías, pequeñas, medianas o grandes, tienen un componente genético
hereditario. No obstante, la predisposición lo que aumenta es el riesgo, más que
la certeza de padecer la enfermedad.
El abordaje y tratamiento de las complicaciones de este tipo de miopías, así
como los nuevos retos en investigación, son algunos de los aspectos que ocupan
el interés en miopía magna. "Las lesiones de la mácula son las de mayor
relevancia y, tal vez, las de mayor actualidad porque existen tratamientos que
han permitido que la visión de los miopes magnos no sea tan deficiente", ha
indicado a DM Julián García Sánchez, catedrático y jefe de Oftalmología del
Hospital Clínico de Madrid, que, junto a María Lourdes Martínez, presidenta
de la Asociación Nacional de Afectados de Miopía Magna, ha organizado una
jornada sobre esta patología que se ha celebrado en la Universidad Complutense
de Madrid.
Se calcula que un 20 por ciento de la población española es miope y de ellos,
entre el 1 y el 2 por ciento tienen miopía magna. Las lesiones maculares, además
de ser las de mayor relevancia patológica, son también las que mayor interés
clínico despiertan porque disponen de tratamientos con antiangiogénicos y con
terapia fotodinámica que han supuesto un avance, ya que "gracias a ellos los
afectados conservan una visión menos deficitaria".
La lesión de la mácula de la miopía magna tiene una expresión clínica, aunque un
mecanismo de origen diferente, muy similar a la de la degeneración macular
asociada a la edad (DMAE). El tratamiento es también parecido, aunque en miopía
son mejores que en la DMAE.
La utilización del láser es uno de los abordajes más antiguos, si bien se emplea
solamente para neovascularizaciones que están alejadas de la mácula. Cuando la
lesión se localiza exactamente en la mácula se opta por la ya clásica
fotodinámica, que básicamente consiste en la inyección de verteporfino que se
deposita sobre las membranas vasculares que son destruidas con láser.
La alternativa que se ensaya actualmente es la terapia antiangiogénica. "Se basa
en la inyección intraocular de estos agentes, que casi siempre hay que repetir
un mínimo de tres veces dependiendo de la evolución, y con ella se impide el
desarrollo de las neovascularizaciones en la zona de la mácula".
En este caso, y según García Sánchez, la lesión se encuentra entre la retina y
la coroides, lo que significa que "un abordaje muy temprano que evite el daño
irreversible de la mácula permitiría mantener una visión relativamente efectiva.
En estas patologías la clave del éxito se encuentra en la detección precoz".
Continua evolución
Según el catedrático, este tipo de tratamientos intenta preservar la calidad de
la visión, "aunque se desconoce el grado exacto a largo plazo porque algunos de
ellos tienen menos de diez años de evolución. Tampoco sabemos si el número de
inyecciones intraoculares que se administra, fundamentalmente el número máximo,
es el que se requiere exactamente para que el proceso no se vuelva a reproducir.
La mayor parte de estos tratamientos siguen teniendo ensayos clínicos para
optimizar su manejo". El experto ha aludido además a otras complicaciones de la
miopía magna, como el desprendimiento de retina o el glaucoma, que disponen de
tratamientos instalados.
La utilización de células madre para alteraciones maculares derivadas de la
miopía magna podría convertirse en una futura vía de abordaje.
Sin embargo, y según Julián García Sánchez, su aplicación clínica está prevista
a muy largo plazo. A su juicio, los aspectos relacionados con las células madre
en oftalmología son relativos, porque "se desconoce si podrán ayudar a regenerar
las células de la mácula o de la retina en general. El futuro, por tanto, es
incierto y no inmediato. No obstante, es una gran esperanza, a pesar de que no
se sabe su actividad regeneradora en el tejido nervioso central". Sí se emplean
desde hace años células madre en enfermedades de la córnea. "Los trasplantes de
limbo, que en realidad son células madre de limbo, se han utilizado para
patología corneal".